Hay actos que no caben en los protocolos. Ocurrió en la Terminal Salitre de Bogotá: una recién nacida, de apenas horas, fue hallada en la puerta cinco. Lloraba desconsoladamente. Tenía hambre. Un ciudadano intentaba calmarla, pero sus brazos no eran suficientes.
Entonces llegó la patrullera Nancy Benítez, de 28 años. Ella es madre de una bebé de 7 meses. Escuchó el llanto persistente, vio la vulnerabilidad extrema y, por puro instinto maternal, se sentó y amamantó a la pequeña en el lugar. El resultado: la bebé se tranquilizó al instante.
La abuela de la niña explicó que su madre padece una condición de salud mental. La familia es proveniente de Venezuela. Tras ser alimentada, la bebé fue trasladada a un centro médico para verificar su estado de salud.
Los compañeros de la patrullera organizaron una colecta solidaria: compraron ropa, pañales, pañitos húmedos y otros artículos esenciales. Un gesto de amor que solo una madre entiende. Y una policía que demostró que el uniforme no le quita lo humano.