Mientras los escombros de La Guaira siguen enterrando sueños y vidas, los rescatistas enfrentan una batalla paralela: la de los permisos. El gobierno venezolano exige salvoconductos para ingresar a la zona más golpeada por los terremotos. La fila en el Poliedro de Caracas es enorme. “Hay que sacar un permiso para salvar vidas, imagínate”, reclama Carlos Itriago, rescatista de 27 años. La desesperación se mezcla con la indignación.
La militarización de La Guaira y la restricción de acceso han frenado las labores de búsqueda. Los voluntarios, que llegaron con palas y agua, ahora esperan horas bajo el sol. “Todos queremos colaborar, y nos hacen perder toda la mañana”, protesta Samuel Rodríguez. Mientras, las cifras son devastadoras: más de 1.400 muertos y 50.000 desaparecidos. El tiempo es oro y se está perdiendo entre trámites.
“¿Cuántas vidas hemos perdido ya?”, se pregunta Ezequiel Rivero, de 53 años, con su pala y una bandera venezolana al cuello. La indignación crece mientras los escombros esperan. La burocracia se interpone entre los rescatistas y los sobrevivientes. La pregunta queda en el aire: ¿cuántas vidas más se perderán mientras se tramitan los permisos?