Dayana Patiño tenía a su hijo de 18 días en brazos cuando el mundo se derrumbó. Estaba lavando platos en su octavo piso en La Guaira. Sintió el temblor y corrió a protegerlo. “Sentía que volaba. No sé cómo no solté a mi bebé mientras volaba”. Quedó atrapada bajo escombros. Su pierna izquierda estaba atrapada bajo el concreto. Su sien presionada contra una roca. En la oscuridad, sintió una Biblia bajo ella. “Ahí comenzó mi lucha por sobrevivir”.
Se dijo a sí misma que no malgastaría energías. Gritaría solo cuando escuchara voces. Tras dos días, su hermano la encontró. “Te he encontrado y no me iré hasta sacarte”, le dijo. El rescate fue una operación delicada. Dayana sufrió heridas en ambas piernas. Juan David solo tuvo lesiones leves. Su esposo, Gerson, había llegado a casa justo cuando todo colapsó. Logró saltar una valla y ponerse a salvo. Al ver el edificio derrumbado, temió lo peor.
Cuando vio a su hijo en brazos de los rescatistas, sintió que volvía a nacer. “Cuando vi a mi hijo, sentí que la vida regresaba a mí”. La casa de la familia quedó destruida. Su perro sigue desaparecido. Pero están vivos. “Lo perdimos casi todo, pero aquí estamos. Reconstruiremos todo lo que perdimos”. Juan David es ahora un símbolo de esperanza en Venezuela. Su historia es un recordatorio de que, incluso en medio del horror, la vida y el amor pueden abrirse paso.