Onai Quiñonez Tolosa, de 32 años, era un artista que pintaba el alma de Venezuela. Egresado de Artes Visuales de la Universidad de Los Andes (ULA), era considerado una de las voces emergentes más valiosas de la pintura contemporánea nacional. Sus obras, llenas de color y denuncia, hablaban de la tierra, del dolor y de la esperanza de un pueblo que no se rinde.
El pasado 24 de junio, el terremoto que sacudió a La Guaira también se llevó su luz. Onai se encontraba en el conjunto residencial Yurre Beach cuando la estructura colapsó. Durante una semana, su familia, amigos y la comunidad artística mantuvieron viva la esperanza. Su padre, Néstor Alí Quiñonez, junto a estudiantes de la ULA, apoyaron activamente las labores de rastreo en el sitio.
El miércoles 1 de julio, los organismos de salvamento localizaron su cuerpo bajo los escombros. Su familia y la galería Abra confirmaron el deceso, poniendo fin a la angustiosa búsqueda que comenzó el jueves 25 de junio.
La pérdida del joven artista conmueve profundamente al circuito cultural del país. Con esta confirmación finalizan los rumores sobre su paradero, mientras la comunidad artística rinde tributo a su legado visual. Onai Quiñonez ya no pintará más, pero sus obras seguirán contando la historia de un país que él amó y retrató hasta el final. El arte venezolano está de luto.