Chutou sonreía en cada video. Era un Border Collie de 8 años, peludo, inteligente, con una mirada que derretía pantallas. Tenía 1.5 millones de seguidores. Más que algunos políticos. Más que muchos artistas.
Su dueño, Guo, un viajero que documentaba sus travesías junto a su perro, lo había convertido en un ícono de las redes chinas. Pero un día Guo tuvo que salir del país. Dejó a Chutou en la granja familiar, en la provincia de Shanxi, confiando en que estaría seguro.
No lo estuvo.
Una cámara de seguridad grabó el momento: un hombre y una mujer en una motocicleta eléctrica se llevaron al perro. Sin violencia aparente. Sin testigos. Solo el zumbido de la moto y el animal desapareciendo en la noche.
La familia inició una búsqueda frenética. Lograron localizar a los sospechosos. Y entonces vino la confesión que heló la sangre: habían vendido a Chutou por 180 yuanes. 26 dólares. El comprador: un restaurante. El destino del perro: ser sacrificado y consumido. Todo el mismo día del robo.
Guo, desde el otro lado del mundo, recibió la noticia con un dolor que ningún número de seguidores puede consolar. El perro tenía un valor estimado de más de 10 mil dólares. Pero el valor real, el de su vida, no cabía en ninguna cifra.