Sebastián Sánchez Herrera entró a la sala de audiencias con la cabeza baja. No había cámaras. Solo el eco de su voz cuando dijo “acepto”. Con esa palabra se hizo responsable del feminicidio de Juliana Giraldo Zuluaga, de 18 años, nacida en Dosquebradas. Y con esa misma palabra selló 32 años de prisión.
Juliana había llegado a Medellín buscando futuro. Tenía 18 años, un hijo de ocho meses, y una historia que ya venía marcada por alertas. La Fiscalía contó lo que muchos no vieron: una relación llena de celos, control y violencia. Juliana lo había denunciado antes. Una Comisaría de Familia le había dado medidas de protección. El papel quedó, pero el miedo se quedó con ella.
Vivían juntos. La noche del 12 de marzo discutieron dentro de su casa. Según la acusación, Sebastián la atacó con un objeto de madera. Las lesiones fueron fatales. El bebé de ocho meses estaba ahí.
Después del hecho, Sebastián no huyó lejos. Se quedó en el lugar y luego se entregó. Firmó un preacuerdo con la Fiscalía: aceptó el delito de feminicidio agravado. Serán más de 30 años tras las rejas.
Juliana no va a cumplir los 19. Su hijo va a crecer con una ausencia que ningún juicio llena. Y Dosquebradas perdió a una de sus jóvenes.