Todavía genera dolor recordar el asesinato de María Camila Potosí, una joven de 22 años que estaba en su octavo mes de embarazo y desapareció el 16 de julio luego de salir de su casa para asistir a una cita de control prenatal en Cali. La joven se había subido a una motocicleta conducida por alias Julieth, quien posteriormente fue capturada junto con cuatro personas para dar inicio al proceso de imputación de cargos. Cuatro días después hallaron su cuerpo sin la bebé en su vientre en La Buitrera, a orillas del río Meléndez, y a la niña, a quien iban a llamar Alahia, sin vida en una zona boscosa.
La Fiscalía General de la Nación estableció que la joven habría sido llevada con engaños hasta Altos de Polvorines, en la zona rural de Cali, y allí habría permanecido retenida hasta que se produjo el nacimiento de la bebé mediante una cesárea artesanal, procedimiento que habría sido realizado por un paramédico, uno de los detenidos, mientras le causaban la muerte a la madre. En audiencia el fiscal explicó que lo que hizo nugatorios los esfuerzos de la víctima por defenderse o pedir auxilio fue la instrumentalización del cuerpo de María Camila como un fin, que fue extraer violentamente de ella, mediante cesárea artesanal, a su hija nacida viva, Alaia Moncayo Potosí, y de manera concomitante causarle la muerte.
De acuerdo con la hipótesis de la Fiscalía, los agresores pretendían apoderarse de la bebé debido a que Yulieth habría simulado un embarazo durante varios meses. Al parecer el crimen fue planeado semanas antes y presuntamente liderado por Yulieth, quien habría contactado a la víctima mediante engaños. Entre las indagaciones se presume que María Camila sufrió varias heridas en su cuerpo ocasionadas con arma blanca y el caso fue expuesto mientras los implicados mostraban desinterés y se reían frente al juez.