Urelis Almario Gómez, estilista de 37 años, vivió seis meses de terror. Durante ese tiempo, su relación sentimental estuvo marcada por el control, las intimidaciones y constantes episodios de violencia que nunca denunció por miedo. Un día antes de la agresión, notó un comportamiento que la alarmó y decidió pasar la noche fuera de su vivienda.
Al regresar y pedirle a su expareja que abandonara la casa, fue sorprendida y sufrió graves lesiones mientras intentaba protegerse. A pesar de la difícil situación, logró salir del lugar y recibir ayuda de la comunidad, que facilitó su traslado a un centro asistencial, donde hoy continúa su proceso de recuperación.
Desde el hospital, Urelis rompió el silencio. Asegura que el miedo la llevó a callar durante mucho tiempo, pero hoy enfrenta un nuevo comienzo. Su esperanza está en acceder a prótesis que le devuelvan parte de su autonomía y le permitan reconstruir su proyecto de vida. Su historia es un llamado a no ignorar las señales de violencia y a buscar apoyo antes de que sea demasiado tarde. El silencio no es una opción.