El Mundial 2026 tiene una historia que no está en los titulares deportivos. Está en la camiseta de Haití. El país caribeño regresa a la Copa del Mundo después de 52 años. Y su uniforme no es de Nike, no es de Adidas, no es de Puma. Es de Saeta. Una marca colombiana que nació en Bogotá con dos máquinas de coser y la tenacidad de Pedro Aníbal Carrero, un boyacense que no sabía de límites.
La historia comenzó en 2010, cuando Haití quedó devastado por un terremoto. Saeta donó uniformes al equipo nacional. Un gesto solidario que nadie esperaba. Pero ese gesto sembró una semilla. En 2013, la donación se convirtió en patrocinio oficial. Y desde entonces, la marca colombiana ha vestido a Haití en la Copa América, en las eliminatorias y ahora en el Mundial. Los diseños de Saeta incorporan elementos de la cultura haitiana.
Pero el alma de esa camiseta es colombiana. Es la prueba de que el emprendimiento nacional también puede estar en las grandes ligas. Porque no se necesitan millones para llegar lejos. Se necesitan dos máquinas de coser, un sueño y la convicción de que el esfuerzo siempre encuentra su recompensa. Hoy, Haití salta al campo. Y con él, el orgullo de un país que también sueña en grande.