La celebración presidencial en Colombia quedó marcada por una fuerte polémica que trascendió las calles y se tomó las redes sociales. En distintas ciudades del país, comenzaron a circular imágenes de perros pintados para parecer tigres, una práctica que generó una ola de indignación entre defensores de animales y usuarios de redes sociales. Para muchos, el límite entre festejar y exponer a un animal fue cruzado sin ninguna consideración.
Los expertos fueron claros al advertir sobre los riesgos de esta práctica. Aplicar pinturas o sustancias no diseñadas para animales puede causar irritación en la piel, intoxicación por lamido, afectaciones respiratorias y estrés severo. Los perros no entienden de símbolos políticos ni del significado de una celebración electoral. Lo que sí perciben son cambios en su entorno, olores intensos y situaciones que pueden generarles incomodidad o ansiedad. Celebrar no debería implicar convertir a una mascota en parte del espectáculo.
El debate, que se extendió por horas en redes sociales, dejó una pregunta en el aire: ¿deberían estas prácticas tener controles más estrictos? Para muchos, la respuesta es sí. Los animales no son objetos decorativos ni herramientas de propaganda política. Son seres vivos que merecen respeto y cuidado, incluso en medio de la euforia de una celebración.