Edgar Alexander Montañez Díaz y Juan Gabriel Pinzón Rincón tienen algo en común. Los dos maltrataron a un animal. Y los dos están pagando por ello. Edgar lo hizo por venganza. Entre mayo y julio de 2024, en Envigado, golpeó a Lucas, un perro criollo, una y otra vez. Los ataques eran represalias contra su expareja. Y algunos ocurrieron frente a menores. Lucas sufrió. Los veterinarios lo confirmaron. Y la justicia lo condenó a 20 meses de prisión y a 20 meses sin poder tener animales.
La venganza que terminó en condena. Edgar usó a Lucas como herramienta de venganza. No pensó en el dolor del animal. No pensó en las consecuencias. Solo pensó en hacer daño. Y lo logró. Lucas sufrió lesiones graves, sufrimiento, daño acreditado por peritajes veterinarios. Pero la justicia no se quedó quieta. Un juez lo condenó por maltrato animal agravado. Y ahora, Edgar no podrá tener animales. Al menos, no legalmente.
La discusión que terminó con la vida de Nena. Juan, por su parte, eligió la violencia en medio de una discusión. El 21 de agosto, en Choachí, Cundinamarca, atacó con un arma cortopunzante a Nena, la mascota de su compañera sentimental. Nena murió por la gravedad de las heridas. La Fiscalía lo imputó por muerte animal agravada. Y un juez le impuso medida de aseguramiento en su residencia. Dos hombres. Dos decisiones impulsivas. Dos animales que pagaron el precio. La justicia avanza, y estos casos son una advertencia para quienes creen que maltratar a un animal no tiene consecuencias.