La ciudad de Armenia amaneció golpeada por la muerte de Annabell Maya Correa, una artista de 78 años cuyo cuerpo fue hallado en un lote baldío del norte de la ciudad. Más allá del impacto del hallazgo, su historia ha tocado fibras profundas al revelar un final marcado por la soledad, la enfermedad y el olvido silencioso.
Annabell dedicó su vida al arte, la fotografía y la academia, construyendo una trayectoria que la convirtió en una figura reconocida en el ámbito cultural. Sin embargo, el avance del Alzheimer fue borrando su memoria y su conexión con el entorno, llevándola a un progresivo aislamiento. Según versiones, permaneció cerca de 48 horas desaparecida, tiempo en el que, desorientada, habría terminado refugiándose en un espacio improvisado para protegerse de la intemperie, donde finalmente perdió la vida.
Hoy, su historia trasciende el hecho y se convierte en una dolorosa reflexión social. ¿Cómo una mujer con trayectoria y reconocimiento terminó en esas condiciones? Su caso expone la fragilidad de la vejez, el impacto del deterioro cognitivo y la necesidad urgente de fortalecer las redes de apoyo. Annabell deja un legado artístico, pero también una huella que obliga a la sociedad a mirar de frente una realidad que muchas veces se ignora.