domingo, junio 21, 2026

“Solo quería llevar comida a su casa”: el dolor de una familia tras la caída de Jorge Luis

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Cada mañana, Jorge Luis Palomino Ochoa se levantaba con un propósito: llevar comida a su familia. El vendedor de mangos de 48 años recorría las calles de Barranquilla con su carga de fruta, el fruto de su esfuerzo diario. El pasado viernes, como tantas otras veces, se dirigió al barrio Rivera a recolectar mangos. Pero esta vez, el árbol que lo había sostenido tantas veces se convirtió en su sentencia. Perdió el equilibrio y cayó desde varios metros de altura.

El impacto fue brutal. Los vecinos, que lo conocían como un hombre incansable, corrieron a auxiliarlo y llamaron a una ambulancia. Lo trasladaron a un centro asistencial con la esperanza de que los médicos pudieran hacer algo. Pero el traumatismo craneoencefálico era demasiado grave. Pese a todos los esfuerzos, Jorge Luis no logró sobrevivir. Su corazón dejó de latir, dejando a su familia sumida en el dolor y la incertidumbre.

Jorge Luis no era un hombre de grandes riquezas. Su fortuna era su familia. Cada mango que vendía era un paso más para mantenerlos a salvo. Su muerte no solo es una pérdida irreparable, sino también un recordatorio de que los trabajadores informales, los que sostienen sus hogares con el sudor de su frente, también merecen protección. Barranquilla llora a uno de sus hijos más humildes y valientes.

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