La crisis que enfrentan cientos de caimanes llaneros en el Meta obligó finalmente la intervención de las autoridades ambientales. Luego de denuncias por presunto abandono, hacinamiento y falta de alimentación, el Ministerio de Ambiente inició un proceso de alimentación complementaria para los ejemplares que permanecen bajo cuidado en diferentes centros de conservación.
La controversia surgió después de que se conociera que varios animales llevaban cerca de seis meses sin recibir alimentación directa. Aunque algunas entidades sostienen que los reptiles podían alimentarse parcialmente mediante la caza de peces y otras especies presentes en los cuerpos de agua donde habitan, ambientalistas y expertos advirtieron que la situación venía deteriorándose desde hace meses.
La senadora Andrea Padilla aseguró que las alertas habían sido enviadas al Gobierno desde el año pasado y cuestionó la respuesta tardía frente a la situación. Además, señaló que la muerte de varios ejemplares y las afectaciones de salud podrían estar relacionadas con el estrés, el hacinamiento y las dificultades alimentarias.
Ante la presión pública y las denuncias, el Ministerio anunció nuevas jornadas de alimentación para intentar estabilizar la situación de los reptiles.