Vivir en Pereira empieza a costar más caro

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El terremoto del 10 de agosto no solamente destruyó viviendas, negocios y puestos de trabajo. Menos de un mes después de la emergencia aparece otro problema que puede acompañar a Pereira durante mucho más tiempo: el aumento del costo de vivir en una ciudad donde miles de personas necesitan conseguir techo al mismo tiempo.

El problema de los arriendos. Encontrar una casa o apartamento disponible se ha convertido en una preocupación para familias que debieron abandonar inmuebles destruidos, evacuados o pendientes de evaluación estructural. Cuando muchas personas buscan vivienda mientras la cantidad de inmuebles habitables disminuye, la presión sobre los precios aumenta. Una familia que antes tenía casa propia puede convertirse, de un día para otro, en demandante de un apartamento en arriendo.

La regulación y el mercado. La Ley 820 de 2003 establece que los contratos vigentes solo pueden reajustarse cada doce meses y el incremento no puede superar el IPC del año anterior, que para 2026 es 5,10 %. Sin embargo, cuando un inmueble queda libre y se ofrece con un nuevo contrato, las partes tienen mayor libertad para acordar el precio inicial, siempre que no supere el 1 % del valor comercial. Allí aparece el vacío práctico que hoy preocupa: no existe un congelamiento general de los nuevos arriendos en Pereira por causa del terremoto.

El subsidio y la oferta de vivienda. El Gobierno Nacional comenzó la entrega de auxilios de arrendamiento por $1.050.000 durante tres meses para hogares damnificados. Es una ayuda importante, pero el dinero permite pagar un arriendo, no aumenta automáticamente el número de apartamentos disponibles. La verdadera solución también requiere recuperar rápidamente viviendas reparables y ampliar la oferta temporal y permanente.

Más allá de la vivienda. Una ciudad parcialmente destruida necesita cemento, acero, ladrillo, vidrios, madera, transporte y mano de obra al mismo tiempo. Si la demanda crece con mayor rapidez que la capacidad de las empresas para suministrarlos, los precios de materiales y algunos servicios pueden aumentar. Pereira podría enfrentar durante meses una economía poco habitual: menos viviendas disponibles, miles de nuevos arrendatarios y hogares que, justamente cuando perdieron patrimonio e ingresos, necesitan gastar más para continuar viviendo en la ciudad.

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