Gisela Sánchez recuerda a su madre con una sonrisa. Era alegre. Servicial. Apasionada por el América de Cali. Pero el terremoto del 10 de agosto cambió todo. Su madre murió en Chiminangos, atrapada tras la caída de una escalera en su conjunto. Gisela fue quien solicitó a las autoridades ayuda para rescatar su cuerpo. Y desde entonces, su vida no ha vuelto a ser igual. Un mes después, intenta reconstruir su propio camino.
El sueño de un futuro estable. Gisela trabaja como estilista a domicilio. Sueña con tener un lugar fijo donde ejercer su oficio. Un espacio propio. Un futuro más estable. Junto a su hermana. Pero antes, quiere honrar a su madre como se merece. Por eso está consiguiendo recursos para arreglar y adecuar la tumba donde descansan sus restos. Quiere darle un lugar digno. Y mantener viva su memoria.
Una reflexión sobre la vida. La partida de su madre le dejó una profunda reflexión. Sobre la importancia de perdonar. De compartir. De honrar a los padres mientras están en vida. Porque nunca se sabe cuándo será la última vez. Gisela llora su pérdida. Pero también se levanta. Cada día. Con el recuerdo de esa mujer alegre y dedicada a su familia. Y con la esperanza de construir un futuro mejor. Por ella. Por su hermana. Y por su madre.