Los héroes de cuatro patas que trabajaron en la Zona Cero tras el 11-S

Compartir

Más de 300 perros llegaron a la Zona Cero después del 11 de septiembre. Llegaron para buscar algo concreto: personas vivas bajo los escombros. Subían sobre acero retorcido, polvo, humo y superficies inestables. Algunos trabajaban turnos de hasta 12 horas. Sus patas, ojos y hocicos debían limpiarse constantemente por la suciedad y los contaminantes del lugar. Pero con el paso de los días, algo empezó a cambiar. Los perros dejaban de encontrar sobrevivientes. Y algunos comenzaron a perder impulso.

Los hallazgos simulados. Los perros de búsqueda están entrenados para recibir una recompensa cuando encuentran a una persona. En la Zona Cero, después de tantas búsquedas sin éxito, algunos se desanimaban y reducían su intensidad de trabajo. Entonces los guías hicieron algo inesperado: organizaron “hallazgos simulados”. Una persona se escondía entre los escombros y dejaban que el perro la encontrara. Después llegaban la celebración, las caricias y el juego. No era un engaño sentimental. Era una forma de devolverle al animal la sensación de que su trabajo seguía funcionando.

El consuelo que llegó con cuatro patas. Aquellos perros habían llegado para encontrar personas. Terminaron haciendo algo más. Bomberos, policías y rescatistas se acercaban a abrazarlos, acariciarlos o simplemente permanecer unos minutos junto a ellos. Algunos perros que no habían sido entrenados como animales de terapia acabaron proporcionando consuelo a trabajadores exhaustos y traumatizados. En medio de toneladas de acero y concreto, también hubo momentos en que la ayuda llegó con cuatro patas. Su labor fue un recordatorio de que, incluso en la tragedia, la lealtad y el amor no entienden de especies.

Leer más

Más noticias