Óscar Martínez, un caleño residente en el apartamento 430 de las Torres de Limonar, vivió el terremoto del 10 de agosto con una mezcla de miedo y determinación. Vio el comportamiento inusual de los animales y bajó con toda su familia mientras todo comenzaba a caerse. Al llegar a la calle, el edificio se derrumbó detrás de ellos. Con su familia a salvo, agradeció a Dios y tomó una decisión que lo convertiría en héroe.
La decisión de ayudar. Le entregó su hija pequeña a su esposa y dijo: “Voy a buscar personas atrapadas”. Dio la vuelta al edificio y lo vio completamente destruido. Junto a otros voluntarios, removió escombros en medio del polvo y el cemento. En ese momento, escuchó el llanto de un bebé que venía de lo profundo. Con esfuerzo y cuidado, lograron ver la cabecita del niño y lo pusieron a salvo. El papá del bebé lo había protegido con su cuerpo y recibió dos muros en la espalda, pero sobrevivió.
La imagen que nunca olvidará. En medio de la búsqueda, Óscar encontró a dos abuelos abrazados que ya no tenían vida. Esa imagen quedó grabada en su mente. Agradece a todas las personas que le brindaron resguardo y atención durante los días más difíciles. Su historia se ha viralizado como un testimonio de valentía y humanidad en medio de la tragedia.