Un artista callejero estaba en una calle de Pereira. Con su parlante. Con su micrófono. Ganándose el sustento como tantos otros. De repente, vio acercarse a un policía. Y pensó lo peor. Que le pedirían que recogiera sus cosas. Que le quitarían el espacio. Como suele pasar. Como ha pasado tantas veces en Colombia. Pero esta vez, no. El uniformado tomó el micrófono. Y comenzó a cantar.
Un momento que se viralizó. El momento quedó grabado en video. Y no tardó en llamar la atención de quienes estaban en el lugar. La tensión se convirtió en música. En risas. En una escena que pocos esperaban. Porque detrás de un uniforme también hay una persona. Y un poco de empatía puede convertir un momento incómodo en una experiencia agradable.
Un mensaje poderoso. Para quienes viven del arte en las calles, un gesto de respeto puede significar mucho. Este policía no llegó con el famoso “recoja y váyase”. No recurrió a formas poco amables. No le quitó el parlante al artista. Al contrario. Tomó el micrófono y puso a cantar hasta la autoridad. Porque también se puede hacer cumplir la norma sin perder la humanidad. Y en Pereira, un policía lo demostró.