Diez meses de impunidad: caso de Liliana Cruz, muerta por un disparo de su esposo policía

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Liliana Cruz tenía 25 años. Era trabajadora social. En noviembre de 2025 murió tras recibir un disparo del arma de su esposo, el subteniente Hamilton Ruiz, entonces comandante de Policía de Chiscas, Boyacá. Diez meses después, su madre, Ingrid Buitrago, rompió el silencio. Denuncia impunidad. Presuntas alteraciones en la investigación. Y una cadena de versiones contradictorias que van desde un ataque de la guerrilla hasta un “disparo accidental”.

Las alertas que no se escucharon. La historia comenzó en 2023. Matrimonio civil en Chiquinquirá. Pero la convivencia se convirtió en un laberinto de tensión. “Siempre escuchen a sus hijos entre líneas, porque Liliana entre líneas me quiso decir muchas cosas que yo no entendí”, dice su madre. “Ella me decía: mamá, yo no me quiero ir para Chiscas. Venía diciéndome en unos audios que estaba muy mal con él. Yo le decía que luchara por su matrimonio, como mamá. Pero en el fondo sentía una corazonada”. La noche del crimen, el 19 de noviembre de 2025, la pareja había salido a cenar con otros dos uniformados. Según testigos, le dispararon a Liliana en la cabeza.

Tres versiones y denuncias de interferencia. La familia denuncia que la versión del oficial ha cambiado radicalmente. “Primero dijo que hubo un guerrillero; después le dijo al papá de Liliana que le habían disparado con un francotirador desde el coliseo del pueblo, y luego dijo que de manera accidental se le disparó”, sostuvo Ingrid. Sumado a las contradicciones, la familia denuncia graves irregularidades en el manejo de las pruebas. Al ser el comandante de la unidad policial de la zona, el subteniente habría tenido acceso y control directo sobre los actos urgentes e inspecciones que le correspondían a la justicia ordinaria.

Un clamor de justicia. A pesar de la gravedad de las denuncias, la familia asegura que la sanción institucional contra el subteniente ha sido mínima. “Salió de su cargo solo dos meses, pero hoy sigue en la institución. Sigue ejerciendo como oficial de la Policía Nacional e incluso hizo curso de ascenso. Va a discotecas, se deja tomar fotos y videos con sus compañeros de curso”, recriminó la madre. Con el corazón roto, Ingrid le habla a la memoria de su hija: “Solo le digo a mi hija que debí escucharla mucho antes, que debí traérmela a mi lado sin importar lo que dijera la sociedad. Hoy le pido justicia al presidente Abelardo De la Espriella. Solo le pido a Dios que me permita conocer qué pasó con mi hija esa noche”.

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