Medellín se divide ante la trágica muerte de Marlon Rivas, un joven de 17 años cuyo fallecimiento en el barrio Castilla ha pasado de ser un informe judicial a un clamor por derechos humanos. La madrugada del 1 de mayo, el sector El Progreso fue escenario de un operativo policial que, según el comando de la Policía, buscaba frustrar un hurto. El resultado fue el hallazgo del cuerpo de Marlon junto a una motocicleta.
No obstante, la familia de la víctima ha roto el silencio, denunciando que el joven fue atacado por un uniformado mientras caía de su moto, negando cualquier vínculo con actividades delictivas.
Marlon era un estudiante próximo a graduarse de media técnica, un detalle que ha movilizado a sus compañeros y profesores en exigencia de claridad.
El alcalde Federico Gutiérrez, consciente de la gravedad de las “versiones encontradas”, ha pedido que la investigación sea exhaustiva, incluyendo testimonios y pruebas técnicas que no dejen duda sobre lo ocurrido. Mientras la Alcaldía ofrece apoyo jurídico a los allegados, la Fiscalía asume el control del caso para descifrar si hubo un uso desproporcionado de la fuerza.
La pregunta que hoy resuena en Castilla es dolorosa: ¿Era Marlon un delincuente o fue la víctima de un error fatal de la autoridad?