La muerte de la subteniente Jennifer Marciales, comandante de la estación de Policía en Providencia, ya no se lee como un caso aislado, sino como una denuncia pública de acoso institucional.
Tras ser hallada sin vida en su habitación el pasado sábado, su familia ha roto el silencio para desmentir la hipótesis del suicidio y señalar a un presunto responsable: el teniente Daniel Felipe Guzmán Medina. Jennifer, según sus allegados, vivía bajo una presión insoportable que la llevó a dejar mensajes de advertencia a su hermana.
“Busca a este amigo mío, policía, si me pasa algo”, fue la consigna que Jennifer dejó grabada en el núcleo familiar. Este “testigo clave” habría ayudado a la subteniente a entablar quejas formales contra sus superiores, denuncias que, según la familia, cayeron en oídos sordos. A pesar de haber manifestado miedo por su integridad y haber permanecido resguardada durante un permiso en Barranquilla, Marciales regresó a la isla para encontrar la muerte.
La familia cuestiona por qué pasaron tantas horas antes de que alguien verificara su estado y exige que la Fiscalía investigue el caso bajo protocolos de feminicidio o inducción al suicidio, pues Jennifer nunca manifestó deseos de morir, sino un profundo terror a que le hicieran daño.