Frida estuvo a punto de morir. La habían metido dentro de una estopa, con sus patas amarradas, y un hombre se dirigía a un arroyo para arrojarla. Pero la suerte de esta gata cambió cuando unos policías que realizaban labores de recuperación ambiental en Soledad, Atlántico, notaron algo extraño. Vieron al hombre con la estopa y decidieron acercarse. Preguntar. Verificar. Y al abrir el saco, encontraron a Frida, indefensa, atada, en condiciones deplorables.
La reacción inmediata. Los uniformados de la Policía Nacional y del grupo de Policía Ambiental la rescataron y capturaron al hombre involucrado. Si no hubieran intervenido, el desenlace habría sido una tragedia. Una observación. Una pregunta. La decisión de no ser indiferentes. Eso fue lo que le salvó la vida a Frida.
Un llamado a la denuncia. Hoy, la pequeña gata está protegida y fuera de peligro. Su historia genera indignación, pero también deja una lección: el maltrato animal no puede normalizarse ni pasar inadvertido. Frida tuvo la fortuna de cruzarse con personas que actuaron. Otros animales no corren con la misma suerte. Por eso, frente a cualquier situación de crueldad, la denuncia es el primer paso para salvar una vida. Las autoridades reiteraron el llamado a la ciudadanía para reportar cualquier caso de maltrato y permitir que se actúe a tiempo.