Alicia Peña González tiene 57 años. Vive en Salazar de las Palmas, Norte de Santander. En su casa, llamada Villa Patán, convive con 200 animales rescatados. 130 perros. 8 gatos. Patos. Gallinas. Y una cerdita que salvó del matadero y bautizó Eugenia Esmeralda del Cachito Medina Peña. No los da en adopción. Dice que son sus hijos. Y que luchará por ellos hasta que crucen el puente del arcoíris.
Una vida dedicada al rescate. Cada noche reza el rosario junto a ellos. Les ha fabricado una cama a cada uno. Recicla colchones donados. Los corta con machete. Y les compra cobijas de piel de durazno. “Mis hijos merecen lo mejor”, dice. Para la comida, un bulto de concentrado diario. Cinco menudencias. Arroz. Y sopas. Un ángel le dona dos bultos de arroz cada ocho días. La cerdita come concentrado y frutas.
El llamado a la comunidad. “No entiendo por qué critican a los rescatistas. Si ella quiere ser una loca soñadora, hay que respetar”.